Ya está disponible en versión electrónica (PDF) el monográfico sobre los impactos del megaproyecto de cultivos de uso ilícito en territorios indígenas de Colombia.
No deja de ser irónico que una planta de ancestral uso religioso, cultural y alimentario de algunos pueblos indígenas se convierta en una globalizada, violenta, voraz y destructiva industria en manos de los no indígenas. Los pueblos indígenas de Colombia, además de tener que resistir y luchar contra el impacto destructor de los cultivos ilícitos sobre sus territorios, también lo tienen que hacer contra la desproporcionada política antinarcóticos del Estado.
El número de pueblos indígenas afectados por los cultivos no ha dejado de aumentar año tras año, llegando en 2006 a 51 pueblos y 151 de sus resguardos (territorios legalizados y reconocidos por el Estado). Las fumigaciones aéreas, por su parte, afectaron en 2006 por lo menos a 33 pueblos y 105 resguardos.
No se trata solamente de un problema de producción de narcóticos. Con la llegada de los cultivos ilícitos llega la vulneración del territorio, el debilitamiento cultural de las comunidades, la violencia armada del ejército y de los grupos ilegales, la inseguridad alimentaria...
El impacto de esta agroindustria ilegal sumado al de las fumigaciones y otras políticas antinarcóticos del Estado está fragilizando enormemente a unos pueblos indígenas que han venido sufriendo sucesivamente de otros megaproyectos (extracción de hidrocarburos, minería, plantaciones de caucho o palma aceitera...), poniendo en peligro de extinción a un número creciente de pueblos.
Este es el foco principal de este estudio que forma parte de Tierra Profanada 2.